Por Inés Dinamarca Funes

¿Quién no ha vivido esta experiencia sublime?

Tomarse una pausa, sentir la serenidad de leer una novela, el periódico o simplemente algo interesante, creando ese ambiente mágico de comunicación pura entre tú y quienes lo escribieron.

En ese espacio íntimo —donde comprensión y sensaciones se entrelazan— descubrimos que nuestra capacidad de entendimiento se despliega sin distracciones, sin pancartas ni ruidos que abruman y no conducen a nada.

Me ha despertado mucha curiosidad entender cómo actúa nuestro cerebro al recibir estas sensaciones tan apreciadas, especialmente en tiempos de sobreinformación y comunicaciones digitales que, en algún punto, alteran nuestra realidad.

Como mencioné en Leer para crecer: cómo la lectura transforma nuestro cerebro, existe la neuroplasticidad: esa capacidad mediante la cual la mente se adapta al filtrar nueva información. Sin embargo, la exposición constante a estímulos rápidos puede dificultar la concentración y la consolidación de recuerdos valiosos, sobrecargando nuestras redes neuronales.

El agujero negro de la información

Para comprender el término “sobreinformación”, debemos viajar a los años noventa y hablar de Richard Saul Wurman, quien acuñó el concepto information anxiety para describir el malestar producido por el exceso de datos que no se transforman en conocimiento real.

Según él, la ansiedad informativa “es el agujero negro entre datos y conocimiento, y sucede cuando la información no nos dice lo que queremos o necesitamos saber”.

En este mundo cargado de carruseles de imágenes, de tecnologías entrenadas para interpretar nuestras preguntas y de búsquedas descontroladas sin fuentes confiables, somos arrastrados a ese agujero negro: un vacío que crece y nos afecta de forma innegable.

En una entrevista para Brown Political Review, Wurman señaló:

“Ahora es big data, no big information, porque la raíz de la palabra ‘información’ es ‘informar’.
Y, a menos que algo realmente te informe, no lo llamo información.”

Tomando sus palabras —y recordando que Wurman es también fundador de TED— podemos inferir que recibir información no garantiza ser informados. Puede estar vacía, sin mensaje concreto. Más contenido no significa más información, y menos aún, mayor comprensión.

En la era de la inteligencia artificial, el reto no es comunicar más, sino transformar datos en algo que realmente informe, genere conexión y despierte interés y reconocimiento en quien lee.

Una sobrecarga peligrosa

Siempre existe un lado oscuro. La lluvia constante de datos que nos inunda puede, literalmente, enfermarnos.

El psicólogo David Lewis advirtió en los años noventa que la sobreabundancia de información puede provocar lo que denominó Information Fatigue Syndrome: una fatiga informativa que se manifiesta con estrés, dificultad de concentración, incapacidad de análisis, confusión e incluso problemas para tomar decisiones sensatas.

Lewis lo ilustra con una imagen contundente:

“Si tienes sed, lo mejor es ponerse debajo del grifo, no debajo de las cataratas del Niágara.”

La metáfora distingue entre una alimentación informativa moderada y una avalancha indiscriminada de datos que nos golpea sin ofrecer comprensión.

Esta condición hoy se ve agravada por el flujo constante de información proveniente de los medios digitales y las redes sociales.

Y, a ello, se suma el crecimiento de la inteligencia artificial, capaz de convertir una simple pregunta en un torrente inagotable de contenidos y referencias.

No a todos nos gustaría recibir tal afluencia de datos. Sin embargo, convivimos con ella. Por eso necesitamos mantenernos firmes para no terminar ahogados y abrumados.

La lectura: nuestro consuelo

A pesar de este dilema, es posible aprovechar la neuroplasticidad para mejorar la atención y la resiliencia mental mediante actividades que requieren concentración. La lectura es la vía más poderosa para ello.

Aunque también ha sido transformada por la sobreexposición, un libro sigue siendo un bálsamo: un refugio frente al torrente de pantallas, notificaciones y estímulos que no permiten descansar a la mente.

Encontrar ese momento de quietud, ese diálogo entre mente y espíritu, nos libera de la locura de destellos frenéticos que generan estrés y la sensación de querer saberlo todo sin aprender nada.

Por eso, desde Editorial Autografía queremos ser tu guía cuando hagas esa pausa, cuando busques esa calma y ese alivio que solo surge al viajar con las palabras de autores que, como tú, comunican y sienten profundamente.