Con 21 años y una historia que podría llenar varias vidas, Tsegué Henríquez González ha escrito uno de los libros más valientes de este año.

Llevo mi historia en la piel: cicatrices que florecen, miedos que ya no mandan es un testimonio autobiográfico que comienza en Etiopía, atraviesa el dolor del orfanato y la separación, y llega hasta una Barcelona donde una familia adoptiva la reció con los brazos abiertos y la paciencia de quienes entienden que el amor, a veces, necesita tiempo para ser recibido.

El libro no es una historia de rescate. Tsegué no espera a ser salvada ella se va salvando sola, capítulo a capítulo, tatuaje a tatuaje. Cada uno de sus 20 capítulos tiene título propio y termina con una frase escrita a máquina, como una sentencia personal, una promesa en voz baja. Desde «La herida que no cierra» hasta «Promesa para mí misma», la narradora construye una arquitectura emocional que cualquiera que haya sentido miedo, soledad o la sensación de no pertenecer va a reconocer al instante.

“Este libro nace desde mi historia como persona adoptada. Pero no es solo sobre adopción. Es sobre el miedo de no saber quién eres. Sobre las heridas que no siempre se ven. Sobre amar, perder, buscar y crecer.”

Lo que hace especial este libro no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Con una prosa que mezcla la confesión y el poema, la carta personal y la reflexión universal, Tsegué escribe desde la vulnerabilidad más absoluta la ansiedad, la depresión, el orfanato, el miedo al abandono, la búsqueda de identidad entre dos culturassin caer nunca en la victimización ni en el melodrama. Hay en estas páginas una dignidad que emociona.

Especialmente poderosos son los capítulos dirigidos en segunda persona: la carta a su madre biológica («Eso no fue abandono. Eso fue amor valiente»), la carta a sus padres adoptivos, y sobre todo el capítulo «A la niña que aún vive en mí», donde Tsegué escribe a su yo de cinco años con una ternura que detiene la respiración.

También están los tatuajes. Cada uno es un capítulo vivido antes de ser tinta: el fénix que renació de cenizas, la silueta de Etiopía que lleva a su familia biológica consigo, la palabra «Resiliencia» grabada en la piel porque aprendió que resistir también es amar. No me cubrí el cuerpo, escribe. Me abrigue el alma.

Llevo mi historia en la piel es para quienes alguna vez han caído. Para quienes aún no saben si están listos para volar de nuevo. Y también, sorprendentemente, para quienes nunca han vivido nada de esto porque pocas veces la literatura abre ventanas tan limpias hacia la experiencia ajena.

― ― ―

Llevo mi historia en la piel está disponible a través de la Editorial Autografía.

 

15 Preguntas para la Autora

Conversación con Tsegué Henríquez

 

Una entrevista sobre el proceso de escritura, la identidad, la sanación y lo que significa poner en palabras una historia que todavía está viva.

P1. ¿En qué momento decidiste que tu historia merecía ser contada? ¿Hubo algo concreto una conversación, una sesión de terapia, un momentoque te impulsó a escribir?

Al principio no escribía con intención de publicar nada.
Empecé escribiendo porque llevaba muchos años guardándome cosas que no sabía explicar hablando. La terapia me ayudó muchísimo, pero escribir fue la primera vez que sentí que podía sacar todo lo que llevaba dentro sin miedo a interrumpirme, sin quedarme bloqueada y sin sentirme juzgada.

Durante mucho tiempo pensé que mi historia era demasiado dolorosa o demasiado complicada para compartirla. Pero hubo un momento en el que entendí que guardar silencio no hacía desaparecer el dolor.

Poco a poco me di cuenta de que escribir no solo me estaba ayudando a mí, sino que quizá también podía ayudar a otras personas que se sintieran perdidas, rotas o solas. Y ahí pensé: quizá merece la pena compartirla.

No escribí este libro porque tuviera todas las respuestas.
Lo escribí porque sigo sanando, y porque quería demostrar que incluso desde las heridas tambi
én se puede construir algo bonito.

P2. El libro empieza diciendo que «si alguna de estas palabras te toca, entonces también es tuyo». ¿Cuánto te costó decidir compartir algo tan íntimo con personas que no conoces?

Muchísimo.


No soy una persona a la que le guste exponer su vida, así que abrir una parte tan í
ntima de mí al mundo me daba muchísimo miedo.

Hay capítulos que escribí llorando, y otros que tuve que dejar descansar porque remover ciertos recuerdos dolía demasiado. Compartir algo tan personal da miedo, porque una parte de mí pensaba: “¿Y si no me entienden? ¿Y si me juzgan?”

Pero después pensé que quizá alguien, en algún lugar, necesitaba sentirse menos solo. Y si mis palabras podían acompañar a una sola persona en una noche difícil, entonces ya habría valido la pena abrir mi corazón de esta manera.

P3. Tienes 21 años. Muchos libros de este género los escriben personas con perspectiva de décadas. ¿Qué crees que aporta escribir desde tan adentro del proceso, cuando aún estás sanando?

Creo que escribir mientras todavía estoy aprendiendo a sanar hace que todo sea más real, más humano. No escribo desde un lugar perfecto ni desde una vida completamente resuelta. Escribo desde alguien que todavía tiene días difíciles, miedos y heridas que siguen doliendo a veces.

Y precisamente por eso pienso que muchas personas pueden sentirse reflejadas. Porque la sanación no es una meta final donde un día todo desaparece. Es un proceso. Hay avances, recaídas, días luminosos y noches muy oscuras.

Este libro no pretende decir “miren qué fuerte soy”.
Pretende decir:
sobreviví, sigo aprendiendo y aún así sigo eligiendo la vida”.

P4. El capítulo «A la niña que aún vive en mí» es uno de los más conmovedores del libro. ¿Cómo fue escribirle a tu yo de cinco años? ¿Qué sentiste al hacerlo?

Fue una de las cosas más difíciles que he escrito.
Porque al escribirle, tuve que mirar de frente a una niña que durante mucho tiempo intent
é proteger escondiendo el dolor.

Sentí tristeza, pero también mucha ternura. Entendí que esa niña nunca necesitó ser perfecta ni fuerte todo el tiempo; solo necesitaba sentirse querida, segura y escuchada.

Mientras escribía, lloré mucho. Pero también sentí algo parecido a abrazarla por primera vez de verdad. Como decirle: “ya pasó, ahora estoy aquí contigo y no pienso soltarte”.

Y siendo sincera, todavía hoy me duele mucho todo lo que viví. Durante mucho tiempo sentí que tendría que haber hecho más por esa niña, haberla protegido mejor. Pero con los años entendí algo importante: hice todo lo que pude para sobrevivir, entenderme y seguir adelante con las herramientas que tenía en ese momento.

Porque si no hubiera luchado por ella, hoy no estaría aquí escribiendo este libro ni dándole voz a su historia.

 

P5. Los tatuajes son un hilo conductor del libro cada uno es un capítulo antes de ser tinta. ¿Hay alguno que te costara especialmente describir? ¿Alguno que todavía no tienes pero que sientes que llevarás algún día?

Creo que el tatuaje que más me costó describir fue el relacionado con Etiopía y mi familia biológica. Porque no es solo un dibujo; es memoria, identidad y ausencia al mismo tiempo. Llevar ese tatuaje en mi piel es una forma de decirles que siguen conmigo, aunque el tiempo y la vida nos hayan separado.

Cada tatuaje representa algo que me marcó profundamente. Algunos nacieron desde el dolor, otros desde el amor y la reconstrucción. Para mí, tatuarme nunca fue una moda; fue una manera de transformar heridas en algo visible y hermoso.

Y sí, estoy segura de que todavía hay tatuajes que algún día llevaré. Porque sigo creciendo, cambiando y aprendiendo cosas de mí misma. Mi piel sigue contando una historia que todavía no termina.

P6. El capítulo dedicado a tu madre biológica es una carta de una honestidad extraordinaria. ¿Crees que algún día ella leerá este libro? ¿Lo deseas?

No lo sé.


Y sinceramente, es una pregunta que todavía me emociona mucho.

Una parte de mí sí desearía que algún día pudiera leerlo, porque hay muchas cosas que nunca pude decirle. Creo que durante años tuve preguntas, dolor y también necesidad de entender ciertas decisiones. Pero al crecer aprendí que el amor también puede existir en medio de la ausencia.

Ese capítulo no nació desde el rencor, sino desde la humanidad. Desde intentar mirar su historia con más empatía y comprender que quizá ella también estaba sobreviviendo a su propia vida.

Si algún día lo leyera, me gustaría que supiera que, a pesar de todo, nunca dejé de llevarla conmigo.

P7. Escribes que crecer con dos culturas, dos lenguas y dos pasados no te divide, te multiplica. ¿Cómo has llegado a esa conclusión? ¿Fue un proceso largo?

Sí, fue un proceso muy largo.
Durante mucho tiempo sentí que tenía que elegir una parte de mí y dejar la otra atrás. Como si pertenecer a dos lugares significara no pertenecer del todo a ninguno.

Con los años entendí que mi identidad no está rota, solo está formada por muchas partes diferentes. Etiopía siempre será mis raíces, mi origen y una parte muy importante de quien soy. Y Canarias es el lugar donde crecí, donde aprendí lo que significa sentirse querida y acompañada.

Hoy ya no vivo mis dos culturas como una contradicción, sino como una riqueza. No me dividen; me construyen.

P8. La terapia tiene un capítulo entero en el libro. ¿Qué crees que le falta al discurso público sobre salud mental, especialmente en jóvenes que han vivido historias como la tuya?

Creo que todavía falta mucha humanidad y menos juicio.

Muchas personas siguen viendo la salud mental como algo que hay que esconder, cuando en realidad pedir ayuda es un acto de valentía enorme. A mí me costó muchísimo aceptar que necesitaba terapia, porque tenía miedo de que me etiquetaran o de que pensaran que estaba rota o loca.

También creo que falta escuchar más las historias que hay detrás de la ansiedad, del miedo o de la depresión. A veces las personas no están “mal porque sí”; están intentando sobrevivir a heridas que llevan dentro desde hace muchos años.

Y algo muy importante: sanar no siempre es lineal. Hay avances, recaídas, días buenos y otros muy difíciles. Pero eso no significa fracaso. Significa que, incluso con miedo y dolor, seguimos intentando vivir y reconstruirnos.

 

P9. El capítulo «Mi guardián silencioso» es uno de los más tiernos. ¿Qué aprendes de tu compañero de cuatro patas que no has aprendido de ninguna persona?

He aprendido el amor más puro y más silencioso que he conocido nunca.

Mi perro nunca necesitó entender mis palabras para saber que algo me dolía. Había noches en las que ni yo sabía explicarme, y aun así él se quedaba a mi lado, mirándome como si quisiera decirme: “no estás sola”.

De él aprendí que a veces la presencia vale más que cualquier consejo. Que no siempre hace falta hablar para acompañar a alguien. Y también aprendí algo muy importante: los animales no aman por lo que haces, aman por quien eres.

A veces digo, medio en broma y medio en serio, que él es mis primeros auxilios emocionales. Porque en muchos de mis peores momentos, él fue calma, refugio y compañía. Y sinceramente, creo que me salvó más veces de las que imagina.

P10. «Soy adoptada, no estoy perdida» es uno de los títulos más potentes del libro. ¿Hay un momento en el que sentiste por primera vez esa diferencia entre estar adoptada y estar perdidacon total claridad?

Sí.


Creo que durante muchos añ
os confundí ambas cosas sin darme cuenta.

Hubo una etapa en la que sentía que no encajaba del todo en ningún lugar. Tenía muchas preguntas sobre mis raíces, mi historia y mi identidad. Y a veces el miedo al abandono hacía que me sintiera perdida emocionalmente.

Pero con el tiempo entendí algo muy importante: ser adoptada no significa estar incompleta. Mi historia empezó de una forma difícil, sí, pero eso no define todo lo que soy.

Tengo raíces en Etiopía y tengo un hogar en Canarias. Tengo un pasado que me marcó, pero también personas que me enseñaron lo que significa sentirse querida de verdad.

El día que entendí eso, dejé de verme como alguien perdida y empecé a verme como alguien reconstruida.

P11. ¿Cómo reaccionaron tus padres adoptivos al leer el libro? ¿Hubo capítulos que los sorprendieron, que no sabían?

Fue muy emocional para todos.

Hay cosas que mis padres ya conocían porque estuvieron conmigo en muchos de mis momentos más difíciles. Pero también hubo pensamientos, miedos y heridas que nunca había sabido expresar hablando, y creo que leerlas fue otra manera de conocerme profundamente.

Algunos capítulos les dolieron, especialmente los relacionados con mi ansiedad, mis pensamientos más oscuros o ciertos recuerdos del pasado. Como hija, a veces cuesta imaginar cuánto sufren también los padres viendo sufrir a alguien que aman.

Pero al mismo tiempo, creo que el libro también les hizo entender cuánto agradezco todo lo que hicieron por mí. Porque si hoy puedo contar esta historia, es en gran parte gracias al amor, la paciencia y la fuerza que me dieron incluso cuando yo no sabía cómo dejarme ayudar.

 

P12. El libro termina con una promesa a ti misma. ¿Sientes que esa promesa ya la estás cumpliendo? ¿Hay días que cuesta más?

Sí, aunque hay días en los que cuesta muchísimo.

Creo que la promesa más importante que me hice fue no volver a abandonarme a mí misma. Aprender a tratarme con más amor, más paciencia y menos culpa.

Pero sanar no es algo lineal. Hay días donde vuelven los miedos, la ansiedad o recuerdos que todavía pesan. Y en esos momentos intento recordarme que retroceder emocionalmente a veces también forma parte del proceso.

Antes pensaba que sanar significaba dejar de sentir dolor. Ahora entiendo que sanar también es aprender a vivir sin destruirte por lo que sientes.

Y aunque todavía haya días difíciles, hoy tengo algo que antes no tenía: esperanza

P13. ¿A quién imaginas leyendo este libro con más necesidad? ¿Hay alguien en concreto un perfil, una situaciónal que querrías que llegara?

Creo que este libro puede acompañar especialmente a personas que alguna vez se han sentido rotas, diferentes o demasiado heridas para volver a empezar.

Pienso mucho en jóvenes que viven con ansiedad, miedo al abandono, inseguridades o heridas emocionales que sienten que nadie entiende. También en personas adoptadas, o en quienes crecieron sintiéndose fuera de lugar, intentando descubrir quiénes son realmente.

Pero sinceramente, no creo que el dolor tenga edad, género ni una única forma. Todos, en algún momento, necesitamos sentirnos comprendidos.

Y también me gustaría que pudiera llegar a padres y familias. A veces, entender lo que siente un hijo no es fácil, especialmente cuando hay silencios, ansiedad o heridas que no siempre saben explicarse. Ojalá este libro también pueda ayudar a mirar ciertas emociones con más empatía y comprensión.

Si este libro logra que alguien se sienta menos solo, menos extraño o menos perdido… entonces ya habrá cumplido su propósito.

P14. Escribir este libro, ¿te ha cambiado algo? ¿Hay cosas que entiendes ahora, después de haberlas puesto en palabras, que antes no entendías?

Sí, de una manera muy profunda.

Escribir me obligó a mirar de frente cosas que llevaba años intentando entender o incluso evitar. Hubo recuerdos y emociones que, hasta que no los puse en palabras, no me di cuenta de cuánto seguían viviendo dentro de mí.

También entendí algo muy importante: sobrevivir no es lo mismo que sanar. Durante mucho tiempo pensé que ser fuerte era aguantarlo todo en silencio. Ahora creo que también hay mucha fuerza en permitirse sentir, pedir ayuda y hablar de lo que duele.

Y quizás lo más bonito que me dejó este libro fue reconciliarme un poco más conmigo misma. Con mi pasado, mis cicatrices y también con la niña que fui.

P15. ¿Habrá más libros? ¿Qué historia querrías contar cuando tengas 30, 40 años?

Me encantaría pensar que sí.

Siento que este libro es solo el comienzo de una conversación muy grande conmigo misma y con otras personas. Todavía tengo muchas cosas que aprender, vivir y descubrir sobre quién soy.

Ojalá cuando tenga 30 o 40 años pueda escribir desde una versión de mí con más calma, más paz y nuevas experiencias. Quizá contar no solo cómo sobreviví, sino también cómo aprendí a vivir plenamente después de todo.

Y sinceramente, espero que esa futura versión de mí pueda leer este libro con ternura y sentirse orgullosa de no haberse rendido.

Pero ahora también quiero permitirme disfrutar y vivir esta etapa tan bonita. Porque durante mucho tiempo sobreviví… y ahora también quiero aprender a disfrutar todo lo que estoy construyendo.