Azucena es una novela íntima que narra el proceso de reconstrucción personal tras una pérdida devastadora. Con una prosa sensible y poética, la autora nos invita a recorrer los paisajes emocionales de su protagonista, una mujer que, entre silencios, heridas y amaneceres, vuelve a encontrarse a sí misma. Es una obra de duelo, pero también de amor propio, coraje y esperanza.

15 preguntas para descubrir el alma de una historia:

1. ¿Qué te inspiró a escribir Azucena?
Todo surgió como consecuencia de varias líneas que, con el tiempo, fueron confluyendo. Durante años recopilé cuadernos con notas sobre episodios, sucesos e investigaciones. Pero el momento decisivo llegó cuando cumplí un encargo pendiente: preparar el elixir de la Azucena. Al contemplar los arquetipos de esta flor, nació en mí una necesidad profunda de expresar lo que sentía, sin imaginar aún que aquello se convertiría en una novela.

2. ¿Cómo surgió la idea central de la historia?
Desde el inicio lo tuve claro: quería aportar un poco de luz cuando la niebla borra todo lo que hemos buscado. El acto de recordar es el hilo conductor de la novela. Cuando todo se derrumba, ¿qué nos queda? Con la Azucena descubrí que solo queda el amor auténtico, ese que habita en el recuerdo de lo que somos. Ese es el verdadero núcleo de la historia.

3. ¿La protagonista está basada en alguien real?
Los protagonistas son perfiles construidos a partir de muchas personas. Estel y Pedro son ficticios, pero nacen de una mezcla de vivencias, emociones y experiencias metafísicas recogidas en mis cuadernos a lo largo del tiempo.

4. ¿Qué parte del proceso de escritura fue la más desafiante?
Lo más difícil fue representar la parte más oscura del ser humano: ese ego primitivo que nos controla y nos impide abrir el corazón. Incluso cuando nos adentramos en ese espacio, el ego susurra que nada cambiará. Por eso decidí personificar esa sombra como el draco, símbolo de nuestros instintos más atávicos.

5. ¿Y la más gratificante?
Hubo muchos momentos emotivos. Uno muy especial fue cuando Pedro recupera la memoria y comprende que Estel era aquello que creía perdido. También fue muy impactante el reencuentro con ella y su hijo, nacido durante su ausencia. Otra escena que me marcó fue la despedida de Pedro en la ciudad celestial de Andrómeda, y su regreso al Reino de las Burbujas, donde Estel y su hijo lo esperaban con la incertidumbre del reencuentro.

6. ¿Qué simboliza el título de la novela?
Una vez intenté explicarlo y, tras cinco minutos, comprendí que Azucena es mucho más que una definición.
Azucena eres tú.
Es esa chispa de luz que habita en lo más profundo del ser humano. Es origen, es amor que trasciende el tiempo y la forma. Es la Gran Madre que nutre, guía y sostiene, presente en múltiples arquetipos femeninos a lo largo de la historia: Isis, Durga, Gaia, Pachamama, Yemayá, Kwan Yin, la Virgen María…
En la novela, Azur representa esa madre universal, y Azucena es la llamada a recordarla. A recordarte.

7. ¿Cómo describirías tu estilo narrativo?
Libre, intuitivo y profundamente emocional. Escribo desde el corazón, con un lenguaje simbólico, poético y espiritual. Cuido el ritmo, el silencio entre frases y el uso de imágenes evocadoras. Mis textos invitan a una lectura pausada, casi meditativa. No me limito a géneros: combino narrativa emocional, ciencia ficción simbólica, espiritualidad y viaje interior. Mi prioridad es transmitir un mensaje profundo que inspire y despierte conciencia.

8. ¿Qué emociones esperas despertar en el lector?
Deseo despertar una emoción auténtica, que toque la memoria del alma. Que el lector sienta ternura, belleza y una especie de recuerdo olvidado. Que comprenda que también somos cosmos.

9. ¿Qué papel juega la naturaleza en la obra?
La naturaleza es una presencia sagrada y viva. No es solo escenario, sino un canal de sabiduría ancestral. A través de ella, los personajes se reconectan con su esencia y con lo divino que habita en lo simple.

10. ¿Hubo alguna lectura clave que influyera en este libro?
Más que una sola lectura, me ha guiado una mezcla de textos espirituales y filosóficos. Destaco a Mario Roso de Luna por su enfoque esotérico, a Hans Joachim Störig por su Historia Universal de la Filosofía, y a Platón, especialmente El Banquete y Timeo. También me marcó Giordano Bruno, con su visión del universo como un misterio infinito. Pero sobre todo, me influyó una lectura más antigua: la del alma.

11. ¿Cuál fue el primer capítulo que escribiste?
La niebla que arrebató mi memoria. Es el corazón de la novela. En él, Pedro pierde sus recuerdos al atravesar una niebla, y esa pérdida se convierte en el punto de partida del viaje que lo transformará.

12. ¿Qué aprendiste de ti misma escribiendo esta historia?
Aprendí a escucharme más profundamente y a confiar en lo que fluye sin controlarlo todo. Comprendí que escribir puede ser una forma de sanar y de recordar. Esta novela también habla de mí.

13. ¿Cuál es tu rutina de escritura habitual?
Escribo temprano, cuando todo está en calma. Luego, con el café, escucho, observo, converso. Siempre hay algo, una frase, una mirada, que se entrelaza con lo que escribo. Me dejo guiar por la intuición, más que por rutinas rígidas.

14. ¿Qué autores o autoras te inspiran?
Mario Roso de Luna, Platón, Giordano Bruno, Störig… Pero más allá de ellos, lo que me guía viene de un lugar interno. He leído cientos de libros buscando un hilo invisible que una lo que fue con lo que aún está por decirse.

15. ¿Qué mensaje esperas que el lector se lleve al terminar Azucena?
Espero que sienta esperanza, amor y reconexión con su esencia. Que entienda que, incluso en la oscuridad, hay una luz que nos guía. Que al cerrar el libro, tenga la sensación de haber recordado algo olvidado y lleve en su interior una semilla de paz y belleza.