“Bitácora Creativa” es una herramienta única para quienes desean reconectar con su esencia artística desde la emoción, la disciplina y la autocompasión. Rosalba María Bueno González propone un viaje de sanación a través del arte, con ejercicios prácticos, reflexiones y retos creativos que transforman los bloqueos en inspiración. Esta obra no es solo un cuaderno: es un acompañamiento emocional, una guía de autodescubrimiento y una invitación a habitar la creatividad con autenticidad, equilibrio y alegría.
15 preguntas a Rosalba María Bueno González, autora de “Bitácora Creativa”
1. ¿Cómo nació la idea de crear una bitácora enfocada en el proceso emocional del artista?
La idea nació de lo que vi durante años acompañando a artistas, emprendedores creativos y profesionales del arte: personas llenas de talento que, aun así, se sentían bloqueadas, ansiosas o con miedo a no ser suficientes. En consulta, notaba que la mayoría no necesitaba “más técnica”, sino un espacio seguro para reconectarse con su mundo emocional y recuperar el disfrute de crear.
De ahí surgió Bitácora Creativa, como una herramienta psicoartística que combina ejercicios de escritura, arte y reflexión psicológica. Es una invitación a que el artista se mire, se escuche y se acompañe emocionalmente durante su proceso creativo.
La concebí como un puente entre la psicología y el arte, dos lenguajes que me habitan desde siempre.
2. ¿Qué significa para ti la creatividad y cómo la defines en tu vida?
Para mí, la creatividad es una forma de habitar el mundo. No la entiendo solo como una habilidad artística, sino como una herramienta emocional que nos permite adaptarnos, expresarnos y transformar lo que sentimos. En consulta lo veo todo el tiempo: cuando las personas conectan con su creatividad, también se conectan con su autenticidad y con una sensación de libertad que pocas cosas ofrecen.
En mi vida, la creatividad ha sido ese hilo que une todas mis facetas: la psicóloga, la artista y la mujer. Ha sido refugio en los momentos difíciles y también motor en los de expansión. Creo que crear es un acto profundamente humano, porque implica escucharse, jugar, fallar y reinventarse.
La creatividad, en definitiva, es mi manera de entender y acompañar la vida; por eso, todo lo que hago desde una sesión terapéutica hasta una canción nace desde ahí.
3. ¿Qué papel juega la vulnerabilidad en la creación artística?
La vulnerabilidad es el punto de partida de cualquier proceso artístico auténtico. Desde la psicología lo entendemos como la capacidad de mostrarse sin defensas, de exponerse a la posibilidad de ser visto con todo lo que eso implica. Y en el arte, eso es esencial: crear es, en el fondo, un acto de exposición emocional.
Cuando un artista se permite ser vulnerable, conecta con lo que realmente lo mueve. Ya no crea para impresionar o cumplir expectativas, sino para expresar algo verdadero. Y esa verdad, aunque a veces duela, es la que hace que el público se identifique y se emocione.
Creo que la vulnerabilidad no debilita al artista, lo humaniza. Lo convierte en un puente entre su mundo interno y el del otro. Y cuando ese puente se tiende con honestidad, el arte deja de ser solo una obra: se convierte en experiencia, en encuentro.
4. En tu libro hablas del autosabotaje y la baja autoestima. ¿Por qué quisiste incluir esos temas?
Porque son dos temas que aparecen constantemente en el mundo artístico, aunque pocas veces se nombran. Acompañando a artistas, he visto cómo el talento se apaga no por falta de capacidad, sino por pensamientos autocríticos, miedo al error o sensación de no merecer los logros. El autosabotaje y la baja autoestima no destruyen solo la motivación, sino también el vínculo con el arte.
Por eso quise incluirlos en la Bitácora Creativa, para visibilizar lo que normalmente se vive en silencio. A través de ejercicios de autoconocimiento y escritura, invito al lector a identificar cómo se habla a sí mismo, qué creencias limitantes lo frenan y de qué manera puede empezar a tratarse con más compasión.
Mi enfoque no es “corregir” al artista, sino ayudarle a reconocer esos patrones y transformarlos en fuerza creativa. Cuando uno deja de exigir perfección, aparece algo mucho más poderoso: autenticidad.
5. ¿Qué relación encuentras entre arte y sanación?
El arte y la sanación están profundamente conectados, porque ambos parten del mismo principio: expresar lo que de otra forma quedaría atrapado dentro.
Desde la psicología sabemos que cuando las emociones encuentran un canal simbólico una imagen, una melodía, un gesto el cuerpo y la mente comienzan a integrar lo vivido. El arte nos permite eso: ponerle forma, color o sonido a lo que duele, y así transformarlo.
En mi experiencia como psicóloga y artista, he visto que no se trata de “curar” en el sentido médico, sino de recuperar la conexión con uno mismo. Cuando una persona escribe, canta o pinta lo que siente, empieza a entender su historia desde un lugar diferente.
Por eso digo que el arte salva vidas: porque ayuda a liberar lo que callamos, a resignificar lo que nos pesa y a encontrar belleza incluso en lo que dolió.
6. ¿Cómo estructuraste las “estaciones emocionales” que recorren la bitácora?
Las estaciones emocionales surgieron de observar los ciclos que atraviesan la mayoría de los artistas y creativos a lo largo de su proceso: momentos de expansión, bloqueo, duda, inspiración y reconexión.
No quise hacer un libro lineal, sino una experiencia circular que refleja cómo realmente funcionan nuestras emociones: cambiantes, repetitivas y llenas de matices.
Cada estación representa una fase emocional con la que todo artista puede identificarse como la ansiedad, el perfeccionismo, la desmotivación, la culpa, el miedo al fracaso o la gratitud y está acompañada de ejercicios terapéuticos y creativos para explorarlas desde la escritura, el color o la reflexión.
La estructura está pensada como un recorrido emocional de 10 estaciones, donde no se trata de “avanzar” o “superar” una etapa, sino de aprender a habitar cada emoción sin perder la conexión con el arte.
En ese sentido, la Bitácora funciona como una brújula emocional que ayuda al artista a reconocerse, comprender sus procesos y transformar lo que siente en materia creativa.
7. ¿Cuál fue el ejercicio o estación más significativa para ti durante la escritura del libro?
La estación dedicada a los miedos y las creencias limitantes sobre ser artista fue, sin duda, una de las más significativas para mí.
Mientras la escribía, me di cuenta de que la mayoría de los bloqueos creativos no nacen de la falta de talento, sino del miedo: miedo al fracaso, al rechazo, a no ser suficiente o a no poder vivir del arte. Son creencias que se instalan muy temprano y que, con el tiempo, terminan condicionando la manera en que nos relacionamos con nuestra vocación.
Trabajar esta parte fue profundamente personal. Yo también he pasado por etapas donde dudé de mi voz o de mi lugar en el mundo creativo. Por eso diseñé ejercicios que ayudan a cuestionar esas narrativas internas y transformarlas en afirmaciones más realistas y amables.
Uno de los más potentes invita a identificar las frases que repetimos sin darnos cuenta como “no soy lo bastante buena”, “nadie vive del arte”, o “ya es tarde para intentarlo” y reescribirlas desde una perspectiva de crecimiento y autovaloración.
Esa estación representa uno de los pilares de la Bitácora: entender que detrás del miedo casi siempre hay un deseo profundo de crear. Y que cuando empezamos a mirar esas creencias con compasión, el arte deja de ser una lucha y vuelve a ser una fuente de libertad.
8. ¿Cómo influye tu propia experiencia como artista en la propuesta que haces al lector?
Influye en absolutamente todo. Antes de ser psicóloga, soy artista; y creo que esa combinación define por completo la esencia de la Bitácora Creativa. He vivido en carne propia lo que significa pasar por bloqueos, por la presión de “crear algo bueno”, por el miedo a no ser suficiente o por esa sensación de perder la inspiración sin saber por qué.
Todo eso me llevó a entender que el proceso creativo no solo ocurre en el estudio o en el escenario, sino también en lo interno: en cómo nos hablamos, en cómo gestionamos nuestras emociones y en cómo nos permitimos descansar o disfrutar.
Mi experiencia como artista me enseñó que el arte no se trata solo de técnica, sino de verdad. Por eso, los ejercicios de la Bitácora no buscan que el lector “produzca” más, sino que se encuentre a sí mismo en lo que hace. Cada herramienta está pensada desde lo que he vivido y desde lo que he visto funcionar en otros creadores.
En el fondo, la Bitácora es mi manera de unir mis dos mundos la psicología y el arte y ofrecer a otros artistas lo que a mí me habría gustado tener cuando sentía que mi creatividad se había apagado.
9. ¿Qué importancia tiene el humor y la cercanía en una obra terapéutica como esta?
El humor y la cercanía son esenciales, sobre todo cuando hablamos de temas emocionales que suelen ser difíciles o pesados. En terapia, y también en el arte, el humor actúa como una válvula de alivio: nos permite mirar lo que duele sin sentirnos abrumados. Reírnos de nuestras propias contradicciones y procesos no minimiza el dolor, pero sí nos ayuda a integrarlo de una manera más humana.
En Bitácora Creativa quise que el lector sintiera que no estaba leyendo un manual psicológico, sino conversando con alguien que lo entiende. Por eso el tono es cercano, con frases que invitan a soltar la rigidez, a reírse del perfeccionismo y a reconocer que todos, en algún momento, nos sentimos un poco caóticos.
Creo que el humor tiene un poder terapéutico enorme: cuando logramos reírnos de lo que antes nos paralizaba, hemos dado un paso importante hacia la sanación. Y esa es la esencia de la Bitácora: acompañar con empatía, pero también con ligereza.
10. ¿Qué quisieras que sienta el lector al terminar su recorrido por la Bitácora?
Me gustaría que sienta alivio. Esa sensación tranquila que llega cuando dejas de pelear contigo mismo.
Quiero que el lector entienda que no tiene que estar siempre bien para crear, ni alcanzar la perfección para sentirse valioso. Que comprenda que su sensibilidad no es un obstáculo, sino una fortaleza.
La Bitácora Creativa no busca que las personas cambien quiénes son, sino que aprendan a acompañarse mejor en sus procesos. Que descubran que también se puede crear desde el cansancio, la duda o la tristeza, y que esos estados no invalidan su arte.
Si al cerrar el libro alguien se siente un poco más en paz con lo que siente, con su historia o con su forma de crear, entonces la Bitácora habrá cumplido su propósito.
Porque más allá de los ejercicios y reflexiones, lo que realmente quiero transmitir es que el arte salva vidas, empezando por la nuestra.
11. ¿De qué manera este libro puede ayudar a personas fuera del mundo artístico?
Aunque la Bitácora Creativa está pensada para artistas, en realidad puede acompañar a cualquier persona que desee reconectarse con su mundo emocional. Todos, seamos o no creadores, vivimos procesos que implican reinventarnos, tomar decisiones y adaptarnos, y eso también es creatividad.
Los ejercicios y reflexiones que contiene ayudan a desarrollar autoconciencia, a identificar bloqueos emocionales y a encontrar nuevas formas de expresarse. No hace falta pintar, cantar o escribir para beneficiarse de ello; basta con tener curiosidad por entenderse mejor.
La Bitácora funciona como una guía para bajar el ritmo, observarnos con más compasión y transformar lo que sentimos en algo constructivo. En ese sentido, puede ser útil para cualquier persona que quiera mejorar su relación consigo misma, aprender a gestionar la ansiedad, o simplemente encontrar un espacio íntimo para ordenar lo que lleva dentro.
12. ¿Qué desafíos enfrentaste al convertir tus conocimientos en una guía práctica?
El mayor desafío fue encontrar el equilibrio entre la psicología y el arte, entre lo técnico y lo vivencial. No quería escribir un manual clínico ni un libro de frases inspiradoras, sino una herramienta que realmente funcionara en la práctica y que el lector sintiera cercana.
Tuve que traducir conceptos psicológicos complejos a un lenguaje simple, sin perder profundidad. Cada ejercicio debía tener sentido terapéutico, pero también resultar atractivo y motivador para el artista.
Otro reto fue mantener la autenticidad. Como psicóloga, debía cuidar la estructura y el rigor; pero como artista, necesitaba que el proceso se sintiera libre y humano. Integrar ambas miradas fue todo un aprendizaje.
Creo que ahí está la esencia de la Bitácora Creativa: en esa mezcla entre la mente que comprende y el corazón que siente.
13. ¿Qué autores o corrientes influyeron en tu enfoque creativo y emocional?
Mi enfoque nace de un cruce entre la psicología humanista, la arteterapia y las corrientes que entienden el arte como una herramienta de transformación.
De Carl Rogers tomo su visión profundamente humanista del ser humano: la idea de que todos tenemos dentro la capacidad de crecer y autorrealizarnos si encontramos un entorno seguro y sin juicio. Su hija, Natalie Rogers, me influyó aún más al integrar la creatividad en los procesos terapéuticos a través del Creative Connection, un enfoque que promueve la expresión artística como vía de autoconocimiento y sanación.
También me ha inspirado mucho Jacob Levy Moreno, creador del psicodrama, porque introdujo la idea de sanar a través de la acción, el movimiento y el simbolismo. Su trabajo me ayudó a entender que la experiencia emocional se procesa mejor cuando se hace visible y se pone en juego el cuerpo, no solo la palabra.
En el plano creativo, admiro profundamente a Julia Cameron, autora de El Camino del Artista, por su mirada práctica sobre la disciplina y la conexión espiritual con la creación. Y, por supuesto, a Frida Kahlo, que representa para mí la encarnación más pura de lo que significa transformar el dolor en belleza, y del arte como testimonio emocional.
Todas estas influencias se integran en Bitácora Creativa desde un enfoque psicológico y artístico a la vez: un espacio donde el proceso importa tanto como la obra, y donde la creatividad se entiende no solo como talento, sino como una forma de volver a uno mismo.
14. ¿Cómo imaginas la evolución de esta Bitácora en futuras ediciones o talleres?
Me encantaría que la Bitácora Creativa evolucionara mucho más allá del libro. La imagino como un espacio vivo, una experiencia colectiva que combine talleres, música, arte y psicología para que los artistas puedan explorar sus emociones de forma práctica y acompañada.
También visualizo futuras ediciones adaptadas a distintos públicos: una versión para jóvenes artistas, otra para educadores o incluso para emprendedores creativos. Cada grupo tiene sus propias “estaciones emocionales”, y la metodología de la Bitácora puede ajustarse fácilmente a diferentes contextos.
Mi propósito es que no se quede solo en el papel, sino que se convierta en una comunidad que promueva bienestar y autoconocimiento a través del arte. Que en cada encuentro, taller o nueva edición, sigamos validando la idea de que el arte no solo se expone: también se habita, se siente y se comparte.
15. Si tuvieras que resumir el mensaje de tu obra en una frase, ¿cuál sería?
Diría que el mensaje central de la Bitácora Creativa es este:
“El arte salva vidas, En el fondo, es una guía para recordar que crear también puede ser una forma de cuidarse.