“El faro” es una obra íntima que ilumina las zonas más profundas de la experiencia humana. A través de una prosa sensible y reflexiva, el autor construye un relato que aborda la memoria, la identidad y el deseo de reencontrarse con la propia luz. El faro funciona como símbolo de guía, pero también de vulnerabilidad, porque su luz nace de la oscuridad que lo rodea. Con una escritura cercana y evocadora, este libro invita a detenerse, a escuchar lo que uno siente y a mirar hacia dentro con serenidad y profundidad. Una lectura que acompaña y deja huella.
15 preguntas para conocer mejor a Víctor Palacios Carranza y su proceso de creación
- ¿Qué imagen o idea inicial encendió la necesidad de escribir “El faro”?
Pues se trata de una obra que comencé a concebir y a idear hace mucho tiempo. Más de diez años. Mentiría si dijese que recuerdo qué fue aquello que me hizo comenzarla. Sin embargo, recuerdo que fue algo único. Siempre había escrito textos, más bien breves, pero nunca me había atrevido con algo más complejo, una novela, con sus tramas, el desarrollo de personajes, las descripciones de los escenarios. Quería ponerme a prueba, y pese a haber tardado todo este tiempo, creo que he logrado el objetivo.
- ¿Por qué elegiste un faro como símbolo central del libro?
Cuando pienso en la idea de un faro me vienen sentimientos encontrados. Por una parte, me abruma la sensación de soledad que se debería vivir siendo farero, y más, en un faro tan aislado como el de esta novela. Sin embargo, hay una pequeña parte de mí a la que le gustaría poder aislarse, encontrar la calma absoluta que ofrece un faro. Creo que la figura del faro simboliza esa incomodidad reconfortante que podría llegar a experimentar si fuese el protagonista de esta obra.
- ¿Qué emociones querías explorar o comprender al comenzar este proyecto?
Si bien no recuerdo qué fue lo que hizo que un día abriese un documento nuevo en mi ordenador y comenzara a escribir, sí que puedo recordar aquella etapa. No fue de las más fáciles de mi vida, ni mejoraría en los siguientes años. Recuerdo quedarme anclado en una sensación constante de tristeza, melancolía. Sentía una soledad casi psicópata, en la que me gustaba regodearme. Recuerdo que tenía algunos amigos que se mofaban diciéndome que mis textos eran lúgubres y taciturnos. Siempre con el objetivo de rebajar un poco la carga emocional con la que vivía. Así que, supongo que lo que quería era entender porqué me sentía así, aunque iba completamente perdido y sin una guía necesaria.
- ¿Qué papel juega la memoria en la estructura de la obra?
La memoria es uno de los pilares de esta historia. Sin ella, no tendría sentido nada. El hecho de poder recordar, e incluso de bloquear esos recuerdos, hace que el protagonista viva las diferentes etapas que se narran. La visita de Caleb activa esa memoria adormecida que Nathan había logrado conseguir.
Creo que no le damos la suficiente importancia a la memoria. Recurrimos a ella en momentos en los que nos puede servir de ayuda para resolver algún conflicto, pero deberíamos hacer uso de ella para disfrutar, para analizar con antelación. Obviamente, estoy generalizando.
- ¿Cómo definiste la voz narrativa que guía el texto?
Este fue un debate que tuve en el momento en que decidí retomar el proyecto de “El Faro”. Siempre me han impactado las obras en las que el propio protagonista o protagonistas son los que explican las historias, pues creo que les dan ese matiz de experiencia vital que hace que te puedas introducir mejor en sus mentes y en la historia en general. Sin embargo, llegué a la conclusión que a través de un narrador externo podría desarrollar mejor las diferentes tramas y crear la atmosfera densa que acompaña durante toda la lectura.
- ¿Hubo algún momento de la escritura que te resultara especialmente revelador?
La verdad es que sí. Hay un momento en concreto, en el que el protagonista decide hacer uso de esa memoria de la que hablábamos anteriormente. Debo admitir que me costó llegar a esa idea. Y si lo piensas bien, es un recurso muy utilizado. Sabía que lo tenía que utilizar, pero no sabía como introducirlo y creo que la manera con la que se hace, sinceramente, creo que ha quedado perfecta.
- ¿Qué temas consideras fundamentales dentro del libro?
Pues hay diferentes temas. Durante las conversaciones entre Caleb y Nathan se pueden extraer ideas y opiniones de temas como la religión, habilidades sociales, la empatía, el perdón, la culpa, pero si me tuviera que quedar con un tema, creo que sería la capacidad del ser humano para sobrevivir. Y con esto no me refiero a sobrevivir de una manera más física, sino mentalmente. Cómo somos capaces de bloquear, archivar e incluso eliminar aquellas emociones, recuerdos y experiencias que nos afectaron en exceso.
- ¿De qué manera influye tu experiencia personal en la creación de los personajes o en los pasajes más introspectivos?
Sin duda, hay un poco de mí en cada uno de los personajes principales que aparecen en la obra. A pesar de que el desarrollo de estos personajes ha cambiado desde su fase inicial hasta el momento de reescritura, creo que ha servido para poner un poco más de mí en ellos. Si los hubiera escrito hace diez años, serían completamente diferentes. Quizás, fue una decisión involuntaria acertada el hecho de dejar esta obra aparcada.
- ¿Cómo trabajaste la atmósfera emocional del libro, tan íntima y contenida?
Soy un gran aficionado de las descripciones atmosféricas en las obras que leo. Me gustan ese tipo de atmósferas densas, que muestran una calma contenida, sabes que algo pasará, pero no sabes cuándo, ni qué. Por lo que intentar describir una atmósfera que se mantuviera durante toda la obra y que acompañara a los personajes durante toda la obra, con sus cambios de tramas, fue una de las cosas más difíciles de todo el proceso de creación y escritura, pero a la vez fue muy reconfortante y divertido.
- ¿Qué autores o lecturas te acompañaron mientras escribías?
En mi mente siempre está y estará la trilogía de la niebla de Carlos Ruiz Zafón. Como se narran los escenarios, como introduce la tensión, el misterio, simplemente, me parece una obra de arte al alcance de muy pocos. Debo confesar que, durante el proceso de escritura no leí ninguna obra, pero quizá, la chispa que me hizo volver a abrir ese documento olvidade fue “El brillo de las luciérnagas” de Paul Pen. Un libro que me creó tanta incomodidad como curiosidad. Lo comencé a leer en varias ocasiones y no conseguía atraparme, pero darle la oportunidad y avanzar fue un gran acierto.
- ¿Qué parte del proceso creativo disfrutaste más?
Cabe decir que soy un apasionado de la fotografía. Por lo que durante el proceso creativo y de escritura, era incapaz de dejar de imaginarme la fotografía de cada escena de la obra. Creo que ese factor me ha ayudado mucho a crear los escenarios, la atmosfera en general, los personajes, etc. Sin duda, el imaginarme la isla de Halten, el faro, a Nathan, Caleb, y los demás escenarios que van apareciendo, fue una de mis partes favoritas.
- ¿Qué te gustaría que el lector comprendiera sobre sí mismo al terminar la obra?
Realmente, esta obra no está hecha con un trasfondo demasiado profundo. En comparación con mi primera obra, en la que sí que había un trabajo terapéutico propio, el cual quería compartir con quien pudiera sentirse identificado, en “El Faro” se narra una historia de ficción. Sin embargo, es cierto que me gusta el hecho de poder hacer que el lector piense sobre los temas que se tratan. No pretendo cambiar vidas, obviamente, pero si una sola persona, durante una conversación me dijera que ha reflexionado sobre su forma de ver la culpa, el perdón, los actos que hemos hecho y sus consecuencias, yo estaría más que contento.
- ¿Qué simboliza la luz en el contexto emocional del libro?
Debo admitir que la luz fue un elemento el cual fue adquiriendo importancia durante la reescritura de la obra. En un principio, no tenía la solidez o el protagonismo que debía, pues lo importante era la figura del faro y de Caleb. Sin embargo, a medida que iba escribiendo, mi mente iba recordando e iba reviviendo sentimientos del proceso de redacción de “Metáfora”, mi primera obra. En ella, la luz también tiene un papel muy importante, así que quise añadir ese pequeño guiño. Al final, son comparaciones muy buenas: la luz de una vela, que sirve para iluminar el camino de las personas, y la luz de un faro, que sirve para guiar barcos y vidas. Sí que es cierto que El Faro, la luz del propio faro tiene otro objetivo, el cual cada lector deberá adivinar o interpretar.
- ¿Cómo surgió el título y qué representa en tu imaginario personal?
Desde que comencé a escribir esta obra, tenía muy claro que el título sería este. Algo breve, sin interpretaciones, claro y conciso. Me gustan los títulos breves, que no digan más de lo necesario, que sirvan como puerta de entrada y nada más. El Faro era simplemente perfecto, el lugar en el que sucede la historia. Además, me gustan los faros, porqué no decirlo. Pero no quisiera repetirme.
- ¿Qué aprendizajes te dejó este libro y cómo han influido en tus futuros proyectos?
Muchos aprendizajes. Desde el hecho de aprender a ordenar ideas, tramas que comienzan de una manera y van adquiriendo una deriva totalmente opuesta a la idea original. La necesidad de estar atento, de revisar una y otra vez lo escrito anteriormente. Por otro lado, he aprendido mucho sobre el poder de crear una atmósfera que te atrape en la lectura. Cada capítulo que escribía lo releía un par de veces y hasta que no conseguía leerlo sin ninguna distracción no lo daba por bueno. Así que creo que, si me animo a seguir creando obras como esta o como “Metáfora”, aplicaré todas estas pautas. También, cabe decir que es un proceso que puede llegar a agotar en algunos momentos, por lo que también he aprendido a pausar, a ser consciente de que lo estaba escribiendo no era bueno a mi criterio y que debía parar por ese día.