Cuando el secreto sobrevive a las guerras: «El Silencio del Nazareno»

Editorial Autografía · Barcelona, mayo de 2026

La primera novela de E. Polo mezcla historia, memoria familiar y Semana Santa en un relato íntimo y profundamente español.

Hay libros que llegan envueltos en incienso y en sombra. «El Silencio del Nazareno», debut literario del turolense Enrique Polo García, es uno de esos relatos que atrapan desde las primeras páginas y no sueltan hasta que el último nazareno desaparece por la puerta de la iglesia de San Lorenzo, al alba del Viernes Santo.

La historia arranca en 1836, en el convento de los Carmelitas Descalzos de Sevilla. La desamortización de Mendizábal amenaza con arrasar el patrimonio religioso. El prior, fray León, confía a dos jóvenes novicios una misión que ninguno imagina que cambiará sus vidas para siempre: transportar hasta Zaragoza una réplica secreta de la imagen del Gran Poder, la joya barroca tallada por Juan de Mesa.

Pero la España en guerra no perdona, y los novicios nunca llegan a su destino.

La escultura, el «Santico», sobrevive sin embargo. Lo hace en manos de una familia de pastores aragoneses que la guarda durante casi un siglo sin saber exactamente qué tiene entre sus manos. Y en 1925, cuando esa familia emigra a Sevilla buscando trabajo en la azucarera del Guadalquivir, la imagen vuelve, sin saberlo, a la ciudad que la vio nacer.

“Desde su trono, con la cabeza girada, mirando a la familia aragonesa, parecía que quería decirles algo. Agradecerles algo.”

E. Polo construye su relato saltando entre el 2025 de la procesión y los momentos clave del pasado: el Aragón rural de los años 20, la noche roja de julio de 1936 en Sevilla o las guerras carlistas salpicando los campos de Teruel.

En cada época, la misma imagen actúa como testigo mudo de la historia familiar. Como un hilo de oro que atraviesa generaciones.

El resultado es una novela íntima y épica a la vez. Íntima porque el motor de la trama son las relaciones humanas: la lealtad familiar, el silencio compartido, la fe heredada. Épica porque sobre ese tejido familiar pasan algunos de los momentos más duros de la historia de España.

“Han sido cien años de silencio.”

Si te fascina la Semana Santa como fenómeno cultural e histórico, si te atrae la España rural del primer tercio del siglo XX o simplemente buscas una historia humana y honesta, «El Silencio del Nazareno» es una lectura que deja poso.

Disponible en librerías y en autografia.es
E. Polo · Editorial Autografía

Preguntas y respuestas con el autor

¿Cómo nació «El Silencio del Nazareno»?

Todo empezó una madrugada del Viernes Santo en Sevilla. Jesús del Gran Poder pasó delante de mí y en ese momento supe que aquella imagen tenía una historia que merecía ser contada. Hay algo en ese rostro, en esa mirada, que no te deja indiferente.

Usted es de Teruel y el libro nace de la Semana Santa sevillana. ¿Cuándo se produjo ese flechazo?

El flechazo fue definitivo el día que entré como nazareno en la Catedral de Sevilla un Viernes Santo. A oscuras y en silencio. Hay experiencias que no se pueden explicar del todo con palabras.

La estructura temporal del relato salta entre distintas épocas. ¿Cómo gestionó esos cambios?

La estructura fue surgiendo poco a poco. La imagen del Gran Poder terminó convirtiéndose en el eje que conectaba todos los tiempos y el relato fue creciendo hacia atrás y hacia adelante hasta encontrar su forma definitiva.

¿Cuánto tiempo le llevó escribir el libro?

Fue sorprendentemente fluido. En unas pocas tardes estaba escrito, sin bloqueos ni momentos de crisis. Aunque ahora, con perspectiva, siento que aún quedaban escenas por contar.

El «Santico» es casi un personaje más. ¿Qué representa?

Es el verdadero protagonista de la novela. Todos los personajes están a su servicio. Él es el hilo que atraviesa los siglos, el que elige a quién custodiarlo y a quién revelarle el secreto.

La novela aborda momentos históricos importantes. ¿Hubo mucho trabajo de documentación?

Me documenté lo justo para crear un contexto creíble, sin pretender escribir una novela histórica académica. Mi intención era contar una historia humana usando la historia como telón de fondo.

¿Tuvo miedo de herir sensibilidades al utilizar una hermandad tan querida como el Gran Poder?

Siempre escribí desde el respeto y el cariño. La ficción aquí funciona como homenaje. El Gran Poder es para mí un icono nacional y así aparece tratado en la novela.

¿Quién es el lector ideal de esta novela?

Cualquiera que disfrute de una historia bien contada. No hace falta ser creyente ni devoto de la Semana Santa, aunque quien lo sea encontrará capas adicionales en el relato.

¿Cómo era su rutina de escritura?

Solo sé escribir a mano. El ordenador me bloquea. Todo el relato nació primero en papel y después hubo que pasarlo. No tenía rituales especiales; simplemente escribía cuando sentía que la historia quería salir.

¿Habrá continuación?

No, «El Silencio del Nazareno» está terminado para mí. El final abierto es una elección consciente. Hay cosas que es mejor dejar en manos de la imaginación del lector.