Bandadas (o, como lo escribe su autor, (B)andadas) es el nuevo poemario de David Rejas Plaza, publicado por Editorial Autografía. Cincuenta poemas que vuelan juntos pero que cada uno elige su propia trayectoria, con una voz culta, directa y sin concesiones a la delicadeza.
Desde la dedicatoria «A mis musas», donde Sabina y Serrat aparecen como testigos de una deuda con las palabras, hasta el cierre de «Quemad mis libros», el libro recorre el desamor, la soledad, la muerte y la resistencia «a pesar de los pesares». Hablamos con David sobre el título, la música, la Dama negra y su proceso de escritura.
15 preguntas para conocer mejor al autor y su proceso de creación
1- ¿Qué significa para ti el título Bandadas? ¿Por qué esa imagen para un poemario?
El título será (B)andadas, y representa un doble uso de la palabra gracias a los paréntesis: el vuelo de ideas y de sentimientos plasmado, además de que hay alguna que otra experiencia (andadas) recogida en el poemario.
2- El poemario abre con una dedicatoria a tus musas, mencionando a Sabina y Serrat. ¿Qué papel ha jugado la música en tu escritura?
La música (muy especialmente la de Sabina, pero también la de Serrat, Leiva y Fito Cabrales, por delante del resto) me aporta ideas y mensajes que se convierten en versos dada la inmediatez de las canciones (los libros también me aportan ideas, pero «el ritmo» es muy distinto, obviamente).
Me aportan ideas, imágenes, sensaciones y sentimientos que acabo plasmando en notas personales que terminan convertidas en poemas.
3- La anáfora es el recurso central de muchos poemas. ¿Fue una elección consciente o emergió sola?
Emerge cuando el poema me lo demanda, porque es cada poema el que elige su contenido y extensión. Es cierto que, cuando un «arranque de verso» lo siento viable, tomo nota e intento usarlo, ya porque lo haya oído en una canción, ya porque haya brotado de una lectura, pero luego es el poema el que tiene que aceptar ese inicio (y no siempre me dejan, jaja).
Pero también es cierto que da una cadencia y una sonoridad que favorecen la lectura y el mensaje que contienen.
4- El desamor aparece en múltiples formas a lo largo del libro. ¿Hay un desamor central o son varios?
Más que desamor, en ocasiones es desilusión, pero no siempre escribo mis experiencias, sino que me dejo llevar por la inspiración, por si algún día alguien me lee y se siente identificada o identificado. Al fin y al cabo, el desamor es un sentimiento habitual y universal, pero la poesía permite retratarlo de múltiples formas variando lo que se cuenta en los versos.
El castellano es suficientemente rico y versátil como para cantar al desamor de muchísimas maneras distintas.
5- En «Apagón» (IX) la muerte aparece como «la Dama negra». ¿Desde cuándo convives con esa figura en tu escritura?
La figura de la Dama negra surge el día 24 de abril de 2023, con la muerte de mi abuela María. La tarde del domingo 23 de abril se puso muy malita y salí de viaje corriendo para despedirme de ella. Esa noche fue muy larga, pero en esas horas, acompañándola, fueron surgiendo ideas y sentimientos de los que tomé nota y que hasta entonces no habían brotado en mí.
La muerte ya había hecho mella en la familia, pero hasta ese momento no sentí la necesidad de escribirle un relato; y digo relato porque realmente la Dama negra surge con un relato que tengo sin publicar, y a partir de él, esa figura ha arraigado con el tiempo. Y este año, con la pérdida de mi padre, más que arraigar, ha echado raíces y, con ellas, algunas ideas para escribir.
6- «A pesar de» termina con «a pesar de los pesares, te quiero». ¿Es el poema más autobiográfico del libro?
En general, yo escribo lo que la inspiración me dicta en cada momento (pasa delante de mí y yo la «secuestro», me apropio de ella y escribo), pero ciertamente tiene que haber momentos propios, momentos autobiográficos. Tras un repaso del poemario, acaso diría que los más autobiográficos pueden ser Mi propio enemigo, Rehén de mis quiebras y Soledad: porque, aunque pueda escribir a los sentimientos en general, es cierto que en esos tres hay una fuerte mirada hacia mi interior.
Intento escribir sin buscar la elegancia, sino plasmando la realidad, aunque a veces no nos guste leer lo que hay que leer.
7- Hay una tensión constante entre el yo que tropieza y el yo que se resiste a caer. ¿Cómo convives con esa dualidad?
Pues es que, si miras alrededor, si analizas el día a día, al final te das cuenta de que el tropiezo es necesario, sea para aprender, sea porque aún no hemos aprendido; y no queda otra que aceptar que tenemos que tropezar y caer, pero sin olvidar levantarnos. Nos resistimos a caer porque no nos gusta, duele y a veces cuesta ponerse en pie, pero es inevitable porque la vida es así, y hay que convivir con ello.
¿Resignación o realidad? No sé, pero hay que besar el suelo de vez en cuando, aunque muchísimas veces, en vez de aprender de la caída, la maquillamos, la repudiamos, y seguimos adelante sin aprender, sin analizar qué ha pasado, por qué y, sobre todo, qué conclusión nos ofrece.
8- «Rehén de mis quiebras» (XLVII) es uno de los poemas más vulnerables. ¿Fue difícil publicarlo?
No, no me ha resultado difícil publicar ningún poema. Creo en la belleza de admitir los errores, creo en la honestidad a la hora de pedir perdón, creo en la elegancia de los sentimientos declarados porque necesitan declararse.
Es decir, para mí escribir es lo que realmente me aporta felicidad, y siento una fabulosa catarsis cuando el poema está terminado; y ante esa sensación de bienestar al escribir, incluso episodios como los que tratan de la muerte o de la dura soledad me aportan un bienestar que no sabría definir con palabras.
9- ¿Qué poetas, españoles o universales, te han marcado más?
Como escritor y poeta vivo en una contradicción literaria: leo novelas y solo sé expresarme en verso. He leído poesía, sí, pero este género no es mi preferido a la hora de abrir un libro.
Aparte de mi admirado y querido Joaquín Sabina, a quien analizo como cantautor pero también como poeta (aunque a veces se nos pueda olvidar), he leído la obra completa de don Antonio Machado, y también he leído a Alberti, Góngora, Bécquer, Quevedo. Y me dejo muchos nombres en el tintero, pero, de verdad, la poesía como lectura es una cuenta pendiente, incluso como poeta.
10- El poema «Se creen gigantes» (XXXVI) tiene una dimensión política y social muy clara. ¿Entiendes la poesía como un acto político?
No, yo no entiendo de política, no quiero entender sobre ella y cada día me gusta menos, pero es cierto que a veces hay que levantar un poco la voz para poner a cada cual en el sitio que se busca y merece. La política ha dejado de ser una actividad orientada al bienestar del pueblo y su futuro (lo estoy escribiendo y hasta me suena ideal, imaginario) para ser un lugar de confrontación, egoísmo y mal hacer, aderezado con indiferencia e irresponsabilidad hacia los resultados de sus decisiones. Y me da igual el color, la cuerda y la (des)orientación de cada partido.
Es decir, huyo de la política (aunque de forma irremediable soy víctima de ella), pero sí creo que a veces, aunque no sirva de nada, es necesario recordarles que no están ahí para faltarse el respeto entre ellos, para ponerse trabas entre ellos, para repartirse el botín entre ellos, sino que están ahí por y para el pueblo; un pueblo que paga las consecuencias de sus decisiones, las mismas que a ellos no les afectan en nada.
En resumen: mi poesía no es un acto político, sino que intenta ser un toque de atención, una reflexión sobre el mal camino por el que nos llevan. Se creen importantes e imprescindibles en su propia persona, se dedican a señalar al contrario por actos que ellos mismos cometen, culpan al contrario escondiendo sus culpas. En fin, falta decencia, honestidad y realidad en la política.
11- ¿Cuál es tu proceso de escritura? ¿Escribes con disciplina o por impulsos?
Depende del momento, porque hay veces en que un poema surge de la nada, del tirón, como una fuerza que emana del interior pero que necesita emerger. Pero es cierto que, sobre todo cuando escucho música, y en menor medida cuando leo, tomo nota de todas las ideas que me inspiran esas canciones (aunque también las imágenes), y esas notas quedan ahí a la espera de que las rescate y las utilice para escribir.
Entonces, yo tengo un listado de ideas que luego rescato, bien del mismo modo en que las escribí, bien de modo parecido o contrario, pero que me sirven para los versos. Y, luego, las famosas musas son las que hacen su trabajo, porque en muchas ocasiones yo empiezo con un verso de ese listado de ideas, pensando en dar un sentido positivo al poema, pero ellas me acaban llevando por otro lado.
La única disciplina es dejarme llevar por la inspiración cuando siento, incluso físicamente, que es momento de escribir, de dejarme llevar y ver qué germina, si germina algo.
12- El libro cierra con «Quemad mis libros» (L), una paradoja poderosa. ¿Es un final o un comienzo?
Es un poema más en el repertorio del poemario, pero inspirado en un final probable. Un día, de repente, me vino esa idea de «llevarme» cuantos más libros mejor en ese viaje sin retorno decretado por mi enemiga la Dama negra (así se titula el relato original sobre ella).
Puede parecer absurdo, pero sería un final elegante en la forma y valioso en el contenido. Además de coherente, porque mi vida solo tiene sentido gracias a la literatura.
13- ¿Qué esperas que el lector lleve consigo después de leer Bandadas?
Espero, sencillamente, que le guste lo que lea y que se emocione con cada verso; porque, además del conjunto, en cada uno de ellos intento «esconder» ideas, imágenes, sentimientos.
Simplemente quiero emocionar a la gente, estén de acuerdo o no, pero remover algo en su interior con unas letras que pretenden ser directas, carentes de delicadeza y retratando la realidad como (creo) es.
14- ¿Hay algún poema del libro que te cueste especialmente leer en voz alta?
Pues es que no suelo leer en voz alta, jaja, pero no, no creo que me costara leer ninguno. La poesía me está dando la oportunidad de abrir el corazón, las heridas, y de aceptar que han estado, están y estarán ahí siempre (tengan el sabor que tengan). Hay que aprender a vivir con los sentimientos y a exteriorizarlos sin presunción y sin pudor.
De hecho, en algún poema hablo de la honestidad y del odio a algunas actitudes, pero no porque yo sea el mejor, sino porque desde hace tiempo, y cada día más, intento ser a diario honesto conmigo mismo y con el resto.
Quizá se me trabaría un poco la dedicatoria a mi padre; esa sí que me provocaría un nudo en la garganta. Además, ahora mismo no sería capaz de leerla, preferiría que alguien la leyese por mí.
15- ¿Qué viene después de Bandadas?
Después de (B)andadas puede ser que vengan más sentimientos, en forma de verso; y digo puede ser porque, aunque ciertamente hay unos cuantos poemas aguardando su momento, a la espera de ver la luz, estoy tanteando la prosa, con la cual tengo una relación distante y tensa, jeje.
Soy demasiado exigente a la hora de valorar cuanto escribo, y ese nivel de exigencia, aplicado a la prosa, hace que los textos se vengan abajo demasiado pronto y con demasiada frecuencia. Pero esa rigurosidad como autor tiene como objetivo único tener delante un texto acabado que me mire y diga «bien, me gusto».
El criterio de la exigencia es simplemente intentar ofrecer un poema o una historia que a mí, como lector, me gustaría leer. Intento desdoblarme de esa manera para que, a la hora de publicar, pueda ofrecer unas letras que yo, como lector, disfrutaría leyendo.