Por las noches, desde la cama, se oía el zumbido de una máquina de coser. Detrás de la puerta cerrada del salón, una madre vestía muñecas con trajes regionales que después acababan en los escaparates de la ciudad. Con aquel dinero ayudaba a sacar adelante a sus seis hijos. El ruido no les quitaba el sueño; se lo daba. «Sabía entonces que mi madre estaba protegiendo a sus hijos», recuerda Pablo G., el tercero de ellos.
El Calvario de una vida, publicado por autografía EDITORIAL en septiembre de 2026, es una novela basada en hechos reales escrita por su propio protagonista a los 67 años, después de décadas de silencio. «Durante muchos años he callado por respeto, por miedo y por no hacer daño», confiesa en el prólogo. Y deja claro desde la primera página que «este no es un libro contra nadie»: «Es el calvario de una vida, sí, pero también es la historia de cómo una madre sacó adelante a sus hijos».
15 preguntas para conocer mejor al autor y su proceso de creación
1. Escribes este libro a los 67 años, después de haber «callado por respeto, por miedo y por no hacer daño». ¿Qué te hizo decidir que había llegado el momento de contarlo?
Tienes ya una edad en la que tienes que soltar todo lo callado hasta la fecha y, por un amor que siento a mi madre, sobre todo publicar lo que ella pasó, que no quede en el olvido lo que pasó mi madre y lo que seguramente pasaron muchas mujeres en aquella época.
Y también una terapia como digo en el libro, de cerrar todas las puertas que quedaban abiertas en mi vida.
2. El libro se presenta como una novela basada en hechos reales, con nombres y lugares anonimizados. ¿Por qué elegiste esa forma y no unas memorias con nombres propios? ¿Qué te permitió contar esa distancia?
Por respeto a los familiares que aparecen en el libro como anónimos y que personas que estén relacionadas con ellos, que no saben lo ocurrido, no les puedan reprochar por no hacer nada para defender a la familia u posicionarse en el otro lado de lo escrito, es decir, que mi padre obró bien con lo que le hizo a mi madre.
3. En el prólogo pides perdón «si algún recuerdo no es exacto». ¿Cómo fue el trabajo con la memoria? ¿Hubo recuerdos que te sorprendió recuperar al escribir?
El trabajo fue duro, sobre todo al recordar ciertos recuerdos que me hicieron llorar.
Y una vez terminado el libro voy teniendo más recuerdos, sobre todo cada vez que leo el libro.
4. El título habla de un calvario, pero el libro está lleno de sabores y sonidos felices: el pan con nata y azúcar, el chocolate con churros, el zumbido de la radio de válvulas. ¿Por qué era importante que esos recuerdos también estuvieran?
Porque aunque la vida fue muy dura, siempre hay unos recuerdos bonitos que se recuerda, siempre recordaremos que hay en esta vida etapas buenas.
No todos los días hay tormenta, también hay días que sale el sol.
5. Dices que tu mujer «creyó en este libro desde la primera página». ¿Qué papel tuvo ella en el proceso de escritura?
La que más me animó a escribir mi biografía. Ella sabía por todo lo que he pasado tanto yo como mi madre, en estos más de 25 años que llevo con ella, y sobre todo que debería dejarlo por escrito para que si algún día lo leyesen mis hijos supieran lo que pasó su abuela paterna y su padre en todos estos años.
6. Tu madre cosía de noche trajes regionales para muñecas que luego ibais a ver juntos en los escaparates. ¿Qué sientes hoy cuando recuerdas el ruido de aquella máquina de coser?
Tristeza por recordar a mi madre todo lo que tuvo que hacer para alimentar a sus hijos y la tranquilidad que te daba dormir ese ruido de la máquina.
Aún hoy es el día que cuando paso delante de aquella juguetería, convertida en la actualidad en un comercio, siempre digo con quien me acompaña: aquí había una juguetería donde vendían los muñecos con sus trajes regionales, que hacía mi madre a la noche.
7. Cuentas que tu madre seguía queriendo a tu padre a pesar de todo y, frente a su lápida, te preguntas por qué no se separó. ¿Escribir el libro te ha acercado a alguna respuesta?
Algo fue una época donde ella como mujer no podía separarse de su marido, no estaba bien visto en la sociedad y además tenían que ser sumisas a sus maridos y cuidar a los hijos.
Hoy en nuestra época, si se hubiera separado creo yo pues hay más protección para las mujeres que sufren violencia de género, aunque creo que tampoco en la actualidad se hubiera separado. Es un amor que tenía y que nunca tendrá respuesta, falleció con ese secreto igual de quien fue su padre que nunca se supo.
8. El libro retrata una época: el Cara al Sol en el instituto, la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, el barco de los emigrantes que llegaba de América. ¿Crees que muchas familias vivieron entonces historias parecidas a la tuya en silencio?
Sí, bastantes. Por eso este libro también lo quiero dedicar a esas familias que vivieron en la época franquista y que sus descendientes y personas que han nacido después de la muerte de Franco, sepan que hubo una época donde vivir fue dura.
9. El Padrino y la tía de tu madre fueron, en tus palabras, quienes «realmente» te criaron. ¿Qué te enseñó el Padrino que todavía lleves contigo?
Que siempre hay que plantar para recoger los frutos de lo plantado, aunque se tarde en recoger la cosecha por perderse la misma en varios años, siempre se recogerá algo.
Y sobre todo a respetar a los mayores y a la gente necesitada como mi hermano el mayor que era discapacitado y lo cuidó él como si fuera su hijo.
10. A los quince años tu padre te llevó a otra ciudad y te dejó solo la primera noche. Escribes: «El silencio de aquella primera noche nunca se me olvidó». ¿Cómo aprende un adolescente a sobrevivir a esa soledad?
La verdad no hay una respuesta concreta para todos los casos, en mi caso fue apoyarme en el teléfono para hablar con mi madre y las cartas que le mandaba, así tenía alguien que me escuchaba y me ayudaba en la distancia.
Y lo que más me ayudó fue la promesa que les hice al Padrino y mi madre de estudiar para conseguir no depender en el futuro de nadie. En realidad tener un reto que prometí y que tenía que cumplir.
11. Tu primer amigo de verdad en aquella «ciudad gris» fue un soldado al que conociste en el tren y al que nunca volviste a ver. ¿Por qué quisiste que ocupara un lugar en el libro?
Porque gracias a él entendí que los verdaderos amigos te pueden ayudar en los momentos difíciles y aconsejarte.
Y también a aquellos jóvenes que salían de los pueblos sin tener estudios y algunos que ni sabían leer, pero en aquella época iban obligados a realizar un servicio militar obligatorio que duraba 12 meses y te tocaba hacerla fuera de tu provincia.
12. Dedicas unas líneas a los dos hijos que dejaron de verte y escribes que tu puerta «sigue abierta». ¿Qué te gustaría que sintieran si algún día leen el libro?
Que siempre hay dos versiones de los hechos y que su padre nunca los olvidó y, sobre todo, los años que perdieron sin ver a su padre.
13. Hablas con franqueza de la etapa en la que tocaste fondo y de cómo la terapia te enseñó «a poner nombre» a lo vivido. ¿Por qué decidiste contarlo? ¿Qué le dirías hoy a alguien que se sienta así?
Aunque en la vida haya momentos muy difíciles, no se puede tirar la toalla, todas las personas deberían saber que la vida es una jungla y que hay batallas diarias y el fin de la batalla, no lo decides tú mismo, sino que es el destino el que decide el fin.
Además hay personas especializadas que te ayudarán a pasar esa etapa, en la que no te atreves a contar lo que te pasa a ningún amigo ni familiar si es que los tienes. Es el especialista el que te escucha todos los problemas que tienes y, como digo en el libro, te ayuda a cerrar las puertas de cada problema que tienes.
14. De aquel perro de la perrera te dijeron que «nadie lo quiere porque es mayor», y acabó siendo tu «primer refugio». En el epílogo hablas de aprender «a amar a los perros y a empezar de nuevo». ¿Por qué van tan unidas las dos cosas en tu historia?
Primero porque los perros son seres que te quieren y te son fieles hasta que mueren, siempre te esperan a que vuelvas a casa, saltan, mueven la cola, en definitiva con solo una caricia y que le saques a pasear, te dan todo su cariño, cuando en las personas no pasa lo mismo, es muy difícil encontrar a una persona con el mismo carácter y fidelidad que un perro.
Lo de mayor, es un homenaje a esos ancianos que sus familias les dejan solos por ser mayores y ser un estorbo, e incluso son recluidos en residencias a las que nunca van a verlos, los dejan allí y se olvidan de ellos.
15. En el epílogo escribes: «Durante mucho tiempo pensé que callar era proteger. Hoy creo que contar, con respeto y sin venganza, también es una forma de sanar». Ahora que el libro está publicado, ¿te sientes distinto? ¿Te quedan más historias por contar?
Sí, he soltado bastante lastre que tenía dentro y la verdad si hoy volviera a escribir el libro sería con nombres y las partes de mi madre y la familia de mi padre serían más extensas.
Y sobre todo contar la infancia de mi madre, de la tía de mi madre y el Padrino. Y por la parte de la familia de mi padre creo que habría todavía muchas cosas que contar.