Gabelith, el equilibrio de los reinos es la segunda entrega de una saga de fantasía épica que explora la dualidad entre luz y oscuridad desde una perspectiva poco convencional: no como fuerzas enfrentadas, sino como mitades complementarias de un mismo todo. Philippe Germa, key account manager con 18 años de experiencia profesional y escritor de fantasía, continúa la historia iniciada en el primer libro llevándola a un territorio más complejo y humano.
En esta ocasión, la protagonista es Aurora, hija de los personajes centrales del primer libro, que debe liderar la Escuela del Equilibrio mientras una nueva amenaza pone en jaque todo lo construido. Hemos charlado con Philippe sobre el proceso creativo de esta segunda entrega, sus influencias literarias y lo que significa escribir fantasía épica en los márgenes de una vida profesional intensa.
15 preguntas para conocer mejor al autor y su proceso de creación
1. ¿Cómo surgió la idea de la saga Gabelith y qué te llevó a escribir esta segunda entrega?
Gabelith nació de un sueño. Una noche soñé que el bien y el mal no se enfrentaban, sino que se completaban el uno al otro, como si fueran dos mitades de un mismo organismo que no puede sobrevivir si una de las dos falta. Me desperté con esa imagen tan clara que no pude dejarla ir, y de ahí se fue construyendo todo un universo.
Cuando terminé El equilibrio de los reinos tenía clarísimo que la historia no podía acabar ahí: había sembrado demasiadas preguntas sobre qué pasa después de que el equilibrio se consigue. La Grieta del Equilibrio es la respuesta a esa pregunta: conseguir el equilibrio no es el final feliz, es el principio de un problema nuevo.
2. Aurora es una protagonista muy distinta a los seres que aparecían en el primer libro. ¿Cómo fue el proceso de crear su voz?
Aurora tenía un reto narrativo particular: es hija de dos personajes que el lector ya quiere, pero no puede limitarse a ser la suma de sus padres. Necesitaba una voz propia, más terrenal, menos mítica que la de Cassiel y Azazel.
Construí su voz pensando en alguien que ha crecido rodeada del peso de una leyenda que no vivió, y que tiene que liderar sin la certeza que tenían quienes la precedieron. Esa fragilidad es justamente lo que la hace tan humana: a diferencia de los seres casi legendarios del primer libro, Aurora duda, se equivoca, carga con un peso que no eligió, y eso permite que el lector empatice con ella de una forma mucho más directa e inmediata.
3. La dualidad entre luz y oscuridad es el eje de toda la saga. ¿Qué te atrajo de este concepto filosófico para construir un mundo de fantasía?
Me interesa menos la dualidad como enfrentamiento y más como suma. Siempre he preferido sumar en lugar de oponer, porque creo que es lo que de verdad enriquece una historia: cuando dos fuerzas se completan en lugar de combatirse, el resultado es mucho más rico que cualquier batalla entre un bando bueno y uno malo.
Trasladar esa idea a un mundo de ángeles y demonios me permitía llevarla a su extremo más visual y épico, sin perder la pregunta de fondo: ¿qué pasa cuando intentamos eliminar la tensión en lugar de sumarla?
4. Los Herederos de la Fuerza representan una visión del poder sin matices. ¿Qué querías explorar con ese antagonismo?
Los Herederos son el contrapunto perfecto a todo lo que Gabelith construyó: ofrecen una promesa muy seductora, la de un poder limpio, sin sombra, sin el desgaste de sostener una contradicción. Quería que el lector entendiera por qué esa promesa resulta atractiva, incluso razonable, antes de ver el precio que esconde.
El antagonismo más interesante no es el que se presenta como maldad evidente, sino el que ofrece una solución fácil a un problema genuinamente difícil.
5. Cassiel y Azazel aparecen solo a través del recuerdo y las visiones. ¿Cómo se trabaja la presencia de personajes ausentes?
Es un ejercicio de confianza en el lector. Cassiel y Azazel tienen que seguir siendo una presencia viva en la novela sin estar físicamente en ella, así que todo su peso recae en cómo los recuerdan y los malinterpretan los demás personajes, especialmente Aurora.
Una ausencia bien trabajada puede pesar más que una presencia constante, porque el lector la completa con su propia idea de quiénes fueron esos personajes.
6. ¿Cómo equilibras tu vida profesional intensa con la escritura de una saga de fantasía épica de esta envergadura?
Normalmente no hay equilibrio perfecto, hay disciplina y horas robadas al sueño: llevo 18 años como key account manager en una multinacional, así que suelo escribir en los márgenes del día.
Pero este último año ha sido distinto: una lesión de rodilla me ha tenido de baja varios meses, y paradójicamente eso me ha dado un tiempo para escribir que en una situación normal no habría tenido. No se lo recomiendo a nadie como método, pero ha sido un recordatorio de que, cuando la vida te quita algo, a veces te devuelve espacio en otro sitio.
7. ¿Qué autores o sagas de fantasía te han influido más a la hora de construir el universo Gabelith?
Brandon Sanderson, Patrick Rothfuss y Leigh Bardugo son mis referencias más claras, cada uno por un motivo distinto: Sanderson por el rigor con que construye sistemas de magia que funcionan como leyes físicas; Rothfuss por la prosa y la manera en que la nostalgia impregna cada página; Bardugo por cómo logra que personajes moralmente ambiguos resulten entrañables.
De los tres he intentado coger algo sin copiar a ninguno.
8. El título hace referencia a una grieta. ¿Qué simboliza esa grieta en el plano narrativo y en el emocional?
La grieta es, literalmente, la fisura en el equilibrio que Gabelith forjó, pero en el plano emocional representa algo que creo que todos reconocemos: la idea de que ninguna armonía, por bien construida que esté, es definitiva. Siempre hay una grieta esperando, y la pregunta no es cómo evitarla sino qué hacemos cuando aparece.
Aurora tiene que aprender justamente eso: que sostener la grieta sin romperse es una forma de liderazgo más honesta que fingir que no existe.
9. La Escuela del Equilibrio es un escenario muy cargado de simbolismo. ¿Cómo nació esa idea?
Necesitaba un espacio físico que representara el proyecto de Gabelith hecho institución: un lugar donde la dualidad ya no es una batalla cósmica sino algo que se enseña, se entrena, casi se domestica.
El Jardín Suspendido y la Escuela nacieron de esa necesidad de mostrar qué pasa cuando una idea filosófica se convierte en pedagogía, con todo lo que eso tiene de esperanzador y de frágil a la vez.
10. ¿Habrá más libros en la saga? ¿Qué puedes adelantarnos del camino de Aurora?
Sí, la saga continúa: ya tengo escritos los libros tercero y cuarto, El Despertar de Clara y El Pulso y la Forma, así que el camino de Aurora y de los híbridos de la Escuela está mucho más trazado de lo que el lector de este segundo libro podría imaginar.
Sin destripar nada, puedo decir que la aproximación del ser del Caos no es el final de la amenaza, sino el principio de una pregunta todavía más grande sobre qué significa la dualidad cuando deja de tener límites claros.
11. ¿Qué momento del libro fue el más difícil de escribir y cuál fue el más satisfactorio?
El más difícil fue, sin duda, el prólogo: la separación de unos padres y su hija, dejando atrás a sus amigos, su vida entera, con Lilith completamente devastada. Escribir esa ruptura sin caer en el sentimentalismo fácil, dejando que el dolor respirara por sí solo, me costó más que cualquier otra escena del libro.
El más satisfactorio, en cambio, fue el clímax de la batalla: el momento en que Aurora y sus amigos eligen no destruir al ser cósmico, sino sanarlo a través de la comprensión, la empatía y la música. Escribir una resolución que no pasara por la violencia, sino por el entendimiento, fue de lo más gratificante que he escrito en toda la saga.
12. ¿Cómo defines Gabelith a alguien que nunca ha leído fantasía épica?
Le diría que Gabelith es una historia sobre lo que cuesta sostener algo bueno, contada con ángeles, demonios y un mundo que se construye con el mismo cuidado que una partida de ajedrez. No hace falta haber leído fantasía antes: en el fondo es una historia familiar, sobre herencia y sobre lo que hacemos con lo que nos dejan quienes nos precedieron.
13. Ramiro, tu perro, aparece mencionado en la nota biográfica. ¿Cuánto del escritor hay en Aurora?
Más del que me gustaría admitir, probablemente. Aurora carga con una responsabilidad que no pidió y tiene que aprender a ejercer autoridad sin perder su propia voz en el proceso, algo que reconozco de mi propia vida profesional.
Y Ramiro, aunque no tenga una línea de diálogo en la saga, me recuerda cada día que hay formas de lealtad y de presencia que no necesitan grandes gestos para sostener a alguien, que es más o menos lo que hacen los híbridos de la Escuela entre ellos.
14. ¿Qué esperas que se lleven los lectores de este segundo libro?
Me gustaría que se lleven la idea de que liderar —en una escuela mágica o en cualquier otro contexto— no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en aprender a sostenerla sin que te rompa. Y, de paso, espero que se lleven a Aurora como una protagonista que echarán de menos cuando cierren el libro.
15. Si tuvieras que quedarte con una sola frase de Gabelith: La Grieta del Equilibrio, ¿cuál sería y por qué?
Me quedaría con la de Cassiel: «Amamos demasiado. Y ese amor… ese amor es ancla suficiente para contener cualquier caos.» Resume en una línea lo que toda la saga intenta decir: que el amor, llevado al extremo, no es una debilidad sino la fuerza más estable que existe.