Bloque 1: El origen de la obra y el proceso de escritura

  1. En la contraportada se menciona que concibe la escritura como un espacio de orden y comprensión de la experiencia. ¿Escribir Raíz suavefue un proceso de catarsis planificado o nació de la necesidad urgente de sanar heridas mientras ocurrían?

Todo comenzó con los relatos de los viajes que emprendí. Sin embargo, mientras escribía sobre lugares y recorridos, me descubrí narrando también mis estados emocionales, mis aprendizajes y distintos episodios de mi vida. Poco a poco, los paisajes externos se entrelazaron con los paisajes interiores.

La escritura se convirtió en un refugio, una terapia sanadora y profundamente liberadora, donde cada emoción encontraba su lugar al quedar plasmada entre las páginas. Más que una catarsis, fue un proceso de escucha hacia mí misma: una forma de comprenderme, de acompañarme y de regresar a mi esencia.

Así nació Raíz Suave, como un espacio de encuentro entre el viaje exterior y el viaje interior, entre la experiencia vivida y la emoción sentida.

 

  1. La bruma y el paisaje costero de Nayens abren y cierran el libro como un refugio y, a la vez, una cárcel. ¿Hasta qué punto el entorno geográfico moldea la identidad femenina y las decisiones de la protagonista?

Creo que los lugares en los que crecemos y vivimos dejan una huella profunda en nuestra forma de ver el mundo. En Raíz suave, el paisaje costero de Nayens y la bruma son mucho más que un escenario; forman parte de la historia y de la vida interior de la protagonista.

Por un lado, representan un refugio, un lugar al que pertenecer. Pero, por otro, también pueden convertirse en una especie de límite, porque a veces lo que nos resulta familiar nos cuesta dejarlo atrás. Muchas de las decisiones de la protagonista nacen precisamente de esa tensión entre quedarse en lo conocido o atreverse a ir más allá.

Creo que el entorno no determina quiénes somos, pero sí influye en cómo nos construimos, en las preguntas que nos hacemos y en el valor que necesitamos para tomar ciertas decisiones. Al final, la identidad de la protagonista se va formando entre esas raíces que la sostienen y la necesidad de descubrir quién es fuera de ellas.

  1. En el libro, el personaje de Mateo le dice a Vera que “su forma de sentir merece ser leída”. ¿Fue este diálogo un reflejo de un empujón real en su vida para decidirse a publicar esta historia?

Yo creo que era algo que ya llevaba dentro. En el fondo, sabía que tarde o temprano haría algo con mi historia.

Raíz suave nace de mis viajes, de mis experiencias y de las distintas etapas que he ido atravesando. Es un recorrido de aprendizaje, de caídas, de descubrimientos y de regreso a mí misma.

¿El empujón final? Puede que Mateo lo activara. O quizá Mateo represente precisamente esa voz que, en algún momento, todos necesitamos escuchar: la que nos recuerda que nuestra forma de sentir también merece un espacio.

Aunque la novela tiene una parte de ficción, muchos de sus personajes contienen emociones, aprendizajes o momentos reales transformados por la mirada narrativa. En ese sentido, Mateo simboliza algo más que una persona concreta. Simboliza ese impulso que a veces llega desde fuera —o desde dentro— y que nos anima a dar un paso que llevábamos mucho tiempo posponiendo.

Puede que fuera él quien despertara la necesidad de compartir esta historia. O puede que simplemente me ayudara a reconocer una necesidad que ya estaba ahí. La de contar algo que, con todas sus luces y sombras, pudiera acompañar a otras personas en su propio camino.

 

Bloque 2: Los viajes como catalizadores del cambio

  1. El viaje por Australia e Indonesia parece una huida física que termina convirtiéndose en un viaje interior. ¿Cree que es necesario perderse geográficamente y salir de la zona de confort para poder encontrarse a uno mismo?

No necesariamente. A veces el viaje es físico y otras veces ocurre sin movernos de lugar. Lo que sí creo es que el crecimiento suele comenzar cuando dejamos atrás aquello que ya no nos permite evolucionar. En el caso de la protagonista, Australia e Indonesia son escenarios que facilitan ese proceso porque la obligan a mirar la vida desde otra perspectiva. Sin embargo, el verdadero viaje es interior. No se trata tanto de cambiar de país como de atreverse a cambiar la mirada con la que observamos nuestra propia vida.

 

  1. Durante su estancia en la granja en Nueva Zelanda, Vera vive una situación de acoso e incomodidad muy fuerte que la obliga a escuchar su instinto y huir. ¿Qué peso tiene el “aprender a escuchar el instinto” en el desarrollo de la trama y en su propia vida?

Escuchar el instinto tiene un peso esencial en la trama porque marca un antes y un después en Vera. Hasta ese momento, muchas de sus decisiones están atravesadas por la duda, la adaptación o el miedo a incomodar. Esa experiencia en la granja la obliga a reconocer que el cuerpo muchas veces entiende el peligro antes que la mente. Para mí, aprender a escuchar el instinto es una forma de recuperación personal: es volver a confiar en una misma después de haber cedido demasiado espacio a la opinión, el deseo o la presencia de otros.

 

  1. En Bali, Vera decide continuar su viaje completamente sola. El texto dice que “viajar sola no es huir, es el acto más honesto”. ¿Qué descubre una mujer sobre sí misma cuando se despoja de la necesidad de adaptarse constantemente a los demás?

Cuando una mujer viaja sola y deja de adaptarse constantemente, descubre quién es cuando nadie la está mirando ni esperando nada de ella. Descubre sus ritmos, sus límites, sus deseos y también sus contradicciones. En Bali, Vera comprende que la soledad no tiene por qué ser abandono; puede ser una forma profunda de honestidad. Viajar sola le permite dejar de actuar para pertenecer y empezar a habitarse desde un lugar más libre.

 

 

Bloque 3: El amor, las relaciones y “el espejo”

  1. La relación con Alex representa el ancla, la costumbre y el miedo a soltar, mientras que Matías o Leo traen la pasión y el vértigo. ¿Cómo define conceptualmente esa lucha interna entre buscar la seguridad del pasado y la libertad de volar hacia lo desconocido?

Alex representa lo conocido, lo que da seguridad incluso cuando ya no nutre. Matías o Leo representan la posibilidad de sentir, arriesgarse y abrir una puerta hacia una versión más viva de una misma. No lo plantearía como una elección entre personas, sino como una elección interna: quedarse donde una se reconoce por costumbre o atreverse a caminar hacia lo que todavía no sabe nombrar.

  1. En los capítulos finales se menciona una frase muy poderosa tras una dolorosa ruptura: “Él no era el problema. Era el espejo. Cada ausencia me mostraba lo que necesitaba fortalecer en mí”. ¿Considera que las parejas complejas o “kármicas” llegan a nuestra vida más como maestros personales que como compañeros de ruta?

Creo que algunas relaciones llegan como espejos muy intensos. No siempre vienen para quedarse, pero sí para mostrarnos partes de nosotros mismos que necesitan ser miradas: heridas, dependencias, miedos o carencias. Las parejas complejas pueden ser maestras, pero eso no significa que haya que romantizar el dolor ni permanecer donde una se rompe. El aprendizaje más importante es entender qué te está mostrando ese vínculo y tener la valentía de elegirte cuando deja de ser sano.

 

Bloque 4: La maternidad y la transformación de la identidad

  1. El libro aborda la maternidad desde una perspectiva sumamente honesta, admitiendo que coexiste el amor infinito por una hija con la nostalgia por la libertad perdida y el miedo a desaparecer. ¿Por qué cree que sigue siendo un tabú en la literatura hablar de los sentimientos de asfixia o división en la maternidad?

Sigue siendo tabú porque a las mujeres se nos ha exigido vivir la maternidad desde una idea de entrega absoluta y felicidad permanente. Hablar de cansancio, asfixia, nostalgia o división interna todavía incomoda porque rompe con el mito de la madre perfecta. Para mí era importante mostrar que una madre puede amar infinitamente a su hija y, al mismo tiempo, echar de menos partes de sí misma.

No creo que reconocer esa ambivalencia reste amor. Al contrario, creo que lo hace más humano y más honesto. En Raíz suave quería dar espacio a esas emociones que muchas personas sienten, pero que no siempre se atreven a nombrar por miedo a ser juzgadas.

Al final, la maternidad transforma profundamente, pero eso no significa que una deje de necesitarse a sí misma.

 

  1. La llegada de Maya se describe no como una felicidad perfecta, sino como “fuerza”. ¿Cómo cambia la perspectiva de una mujer cuando entiende que su prioridad máxima pasa a ser el bienestar de un hijo, incluso obligándola a poner límites drásticos a relaciones tóxicas?

La llegada de Maya transforma la mirada de Vera porque la obliga a ordenar sus prioridades desde otro lugar. Ya no se trata solo de lo que ella puede soportar, sino de qué tipo de vida, vínculo y ejemplo quiere ofrecerle a su hija. La maternidad no aparece como una felicidad idealizada, sino como una fuerza que empuja a poner límites, incluso cuando duelen. A veces una mujer empieza a protegerse de verdad cuando entiende que al hacerlo también está protegiendo a su hija.

 

 

Bloque 5: Las raíces familiares y el duelo

  1. La novela dedica una parte muy importante a la historia de los padres de Vera (Marta y Pedro) y sus tíos. Hay una frase que dice: “Antes de ser familia, fuimos raíces. Y antes de aprender a quedarnos, aprendimos de dónde venimos”. ¿Por qué era fundamental para usted mirar hacia atrás y desenterrar la historia de sus ancestros para entender el presente de la protagonista?

Mirar hacia atrás era fundamental porque Vera no nace de la nada. Su forma de amar, de quedarse, de marcharse o de sentirse culpable está atravesada por una historia familiar anterior a ella. Desenterrar la historia de sus padres, sus tíos y sus raíces permite entender que muchas heridas no empiezan en nosotras, pero sí pueden transformarse a través de nosotras. Conocer de dónde venimos ayuda a decidir qué queremos conservar y qué necesitamos dejar de repetir.

  1. A lo largo del relato, la familia sufre pérdidas devastadoras, como el fallecimiento de los tíos de Vera y el diagnóstico de Alzheimer de su padre. ¿Cómo se gestiona el contraste de ver a una hija empezar su vida mientras ves que los pilares de tu familia comienzan a irse?

Creo que para Vera es una de las experiencias más difíciles y, al mismo tiempo, más transformadoras de su vida. De repente, ve cómo su hija empieza a crecer y a descubrir el mundo mientras algunas de las personas que siempre han sido un pilar para ella comienzan a apagarse o a marcharse.

Ese contraste la sitúa en un lugar de mucha vulnerabilidad, pero también de mucha conciencia. Mientras acompaña los primeros pasos de una nueva vida, tiene que enfrentarse a la fragilidad de quienes siempre la sostuvieron. Y eso cambia su forma de mirar el tiempo, los vínculos y la propia vida.

A través de esas pérdidas, Vera comprende que nada permanece igual para siempre. Aprende a valorar más los momentos compartidos, a estar presente y a aceptar que amar también implica atravesar despedidas, cambios y transformaciones.

Es un proceso doloroso, pero también profundamente revelador. Porque es precisamente en ese cruce entre lo que nace y lo que se va donde Vera descubre muchas de las cosas más importantes sobre sí misma.

  1. El personaje de la tía Elena deja una huella profunda como referente y “maestra de vida”. Vera escribe que al defender a su propia hija entendió la batalla silenciosa que su tía libró en el pasado. ¿Es Raíz suavetambién un homenaje a la resiliencia silenciosa de las mujeres de su familia?

Sí, Raíz suave es también un homenaje a esa resiliencia silenciosa. A las mujeres que sostuvieron, cuidaron, callaron, lucharon y sobrevivieron muchas veces sin reconocimiento. La tía Elena representa esa fuerza discreta que no siempre se nombra, pero que deja una huella enorme. Vera comprende su historia desde otro lugar cuando se convierte en madre, porque entiende que muchas batallas se libran en silencio, por amor y por protección.

 

 

Bloque 6: Conclusión y el mensaje de la obra

  1. Hacia el final del libro se profundiza mucho en romper el ciclo de la culpa, una carga históricamente impuesta a las mujeres por desear, elegir o decir “no”. ¿Qué le diría a las lectoras que hoy se encuentran paralizadas por esa misma culpa al intentar priorizar su paz?

Les diría que se traten con la misma comprensión y el mismo amor con los que tratan a las personas que quieren. Muchas veces nos resulta fácil cuidar a los demás, pero nos cuesta muchísimo darnos ese mismo permiso a nosotras mismas.

Creo que la culpa aparece a menudo cuando empezamos a escucharnos de verdad, especialmente si durante mucho tiempo hemos puesto las necesidades de otros por delante de las nuestras. Pero con el tiempo he aprendido que elegir la paz no es un acto de egoísmo, sino de respeto hacia una misma.

No siempre es fácil. A veces implica poner límites, tomar decisiones incómodas o decepcionar expectativas ajenas. Pero también creo que no podemos construir una vida auténtica si vivimos constantemente alejándonos de lo que sentimos.

Si algo aprende Vera a lo largo de la historia es que cuidarse también es una forma de amor. Y que, en ocasiones, el acto más valiente no es seguir sosteniéndolo todo, sino darse permiso para elegirse sin culpa.

 

  1. El epílogo cierra con una afirmación contundente: “El mayor amor siempre será el que me doy a mí misma”. Tras haber completado la composición de este libro en 2026 , ¿siente que Matilda, la autora, ha logrado finalmente habitar su propio cuerpo y su propia voz sin culpa, tal como lo hace Vera en las páginas del libro?

Creo que Matilda y Vera se encuentran en muchos lugares a lo largo de esta historia, y uno de ellos es precisamente la búsqueda de una voz propia.

No sé si alguna vez llegamos a habitarnos por completo y sin culpa. Ojalá fuera tan sencillo. Lo que sí siento es que escribir Raíz suave ha sido una forma de acercarme más a mí misma, de escucharme con honestidad y de dar espacio a partes de mí que durante mucho tiempo permanecieron en silencio.

Vera recorre ese camino dentro de la novela, y yo lo he recorrido a través de la escritura. De alguna manera, ambas hemos aprendido que el amor propio no es un destino al que se llega un día y ya está, sino una elección que se hace una y otra vez. La de volver a una misma, escucharse, respetarse y seguir caminando incluso cuando todavía quedan dudas por resolver.

Si este libro me ha enseñado algo, es que encontrar tu voz no significa dejar de tener miedo, sino atreverte a hablar desde la verdad a pesar de él.